15 oct. 2010

Habías visto a tus defectos de esta forma?

Un fraile, que era muy pobre, se ganaba la vida acarreando agua para la gente del pueblo. Tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros.

Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba todo el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta en centro urbano. Pero cuando llegaba, la vasija rota sólo contenía la mitad del agua que el fraile había recogido.

Durante años esto sucedió diariamente. La vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía idónea para lo que fue creada.

Pero la vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Un buen día, la tinaja quebrada le habló al fraile, diciéndole así:
“estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo, porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del beneficio que deberías recibir.”

El fraile dijo compasivamente: “cuando regresemos a la casa quiero que te fijes en las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.”

Así lo hizo la tinaja. Y, en efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo del camino, pero de todos modos se sentía apenada porque al final sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El fraile le dijo entonces: “¿te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Sembré semillas de flores a lo largo del camino por donde vas, y todos los días las has regado y durante dos años yo he podido recoger esas flores para decorar el altar de dios. Si no fueras exactamente como eres, con todos tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.”

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