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9 sep. 2010

Habitantes de Celemania le siguen llorando a sus difuntos #Oricaminingservices

Por.Mayté Parro-Vanguardia
09-Septiembre-2010

A tres años de la explosión, los habitantes de Celemania reviven su dolor y le siguen llorando a sus difuntos

NADADORES, COAH.- Para los lugareños de los ejidos Celemania y El Águila no dejan de retumbar en sus oídos los dantescos lamentos de dolor ni pueden despejar la imagen en sus mentes del ir y venir como zombis de personas descarnadas, a tres años de la explosión de 25 toneladas de dinamita de la empresa Orica nada ha vuelto a ser como era, siguen llorando a sus muertos.

Hoy, al cumplirse tres años de la tragedia que enlutó el 9 de septiembre del 2007 a 29 hogares —datos oficiales dados por la entonces Procuraduría de Justicia del Estado— y que siguen siendo revocados por los ejidatarios de Celemania y San José del Águila, quienes aseguran que más de 100 cadáveres sí eran, los deudos reviven su dolor y tiemblan al narrar los hechos, al mismo tiempo que ruedan las lagrimas por sus mejillas.

Ese día era temprano, el calor del sol ardía en la piel, todavía calaban los rayos a la caída del astro rey, como hecho adrede los balnearios naturales de Nadadores se habían abarrotado de propios y extraños, todos regresaban a casa, muchos ya no llegaron, una explosión los sorprendió.

Fue un domingo 9 de septiembre cuando un tractocamión de la empresa Transportes y Traspaleos que cargaba 25 toneladas de explosivos de la empresa Orica, explotó a la altura del kilómetro 30 de la carretera federal 30 Monclova-Cuatrociénegas, matando al menos a 29 personas en el ejido Celemania, municipio de Nadadores, Coahuila, entre ellos tres reporteros.

Como se recordará, el accidente original fue provocado por un individuo que bajo los influjos del alcohol impactó al tractocamión de Transportes y Traspaleo, derivándose el incendio de la pesada unidad, evento al que acudieron a dar cobertura los tres reporteros.
Don Eleazar Pérez dice haber sido el primer “entremetido” que se acercó al lugar de los hechos, escasos metros de su vivienda, “como ya oscurecía, el reportero David Herrera, a quien sólo conocía de vista, me dijo anda ve y tráete unas lámparas de mano, ellos, los periodistas la hacían de paramédicos porque el chofer de la camioneta estaba mal herido, me fui a la casa por las lámparas y apenas entré y escuché la explosión, con su pedido me salvó la vida, pero él murió”, recordó.

“Ese pelado me salvó la vida al pedirme una lámpara, tóqueme ahí y ni el apellido cab…n me queda”, manifestó.

“Fue dantesco el escenario, en la sierra había cabezas completas, en el árbol de mi casa quedó una pierna completa, no sé si sería de hombre o de mujer porque no traía zapato, sinceramente fueron muchos cuerpos y no los que publicaron, será por el poderío que tiene la empresa que se maquillaron las cifras de muertos, aunque Orica no tuvo la culpa, pues a su chofer lo impactó un borracho”, aseveró. Guarda un pedazo de rin del tráiler que llevaba los explosivos.

Don Eleazar Pérez Estrella recordó que pedazos de fierro ardiendo llovían por el ejido, “es más, ahí tengo un pedazo de un rin del tractocamión, aún conserva los números de su medida”, manifestó, mientras su esposa, doña María del Socorro Osorio, entraba por el para mostrarlo a VANGUARDIA.

Aquello fue el acabóse —manifiesta—; gritos espeluznantes se escuchaban por toda la carretera, iban y venían descarnados, no escuchaban, eran nuestros conocidos, los tratábamos de auxiliar mientras que otras personas iban recogiendo las extremidades regadas por doquier.

“Si hubieran visto los montones de cuerpos y extremidades te dabas cuenta que no eran 30 los muertos como se manejó por las autoridades, sólo háganle el cálculo, se estacionaron como 180 vehículos entre mirones y gente que ya no pudo pasar y si multiplicamos como mínimo dos personas por auto se darán cuenta que fueron muchos muertos y lesionados más”, aseguró.

Dejaron con más de un millón a sus deudos
Dolores Ibarra ya no escucha de su oído izquierdo, lesión por la que recibió el pago de Orica de 200 mil pesos, a tres años de la tragedia le sigue llorando a su Juan, con quien procreó tres hijos, es la única mujer que quedó viuda ese fatídico día.

Con llanto dijo que el millón 300 mil pesos que cobró por la muerte de su esposo degollado durante la explosión no le sanará el gran dolor.

“Todos aquí estamos sordos, perdimos el tímpano durante la explosión; en mi caso vi muchos médicos, pero como ninguno me aseguró que quedaría bien, pues no me opere”, manifestó.
-¿Esta tragedia cómo le cambio la vida?, se le preguntó a doña Lola, como todos la llaman-

Su respuesta fue el llanto… espera a que la voz se le recupere y dice, “todo era muy feo, pasaban los días y seguían recogiendo partes de cadáveres regados por todo el ejido, es lamentable que mi esposo haya muerto ayudando en la búsqueda de una niña que nunca existió”, dijo.

Y es que la muchedumbre gritaba que faltaba una niña que viajaba en la camioneta que impactó al tractocamión que después explotó, “era mentira, no iba tal niña, nunca existió”, dice mientras enjuga sus lágrimas

“Ese día veníamos del ranchito El Huizachal y al llegar a Celemania nos dijeron del accidente, mi esposo salió a ayudar para encontrar a esa niña, ya no lo vi mas, lo encontramos otro día en la funeraria, había muerto degollado, apenas tenía 47 años”, recordó con suma tristeza.

Por las madrugadas oigo el llanto de los heridos.

Horacio Ibarra Ontiveros, dedicado a la labor y a las chivas en ésta comunidad netamente agrícola y ganadera dice haber perdido a un primo, Juan Acosta de 30 años de edad, “estaba entre los mirones, todos venían de bañarse en el Cariño de la Montaña”, dijo.

“De mi familia la mayoría quedaron sordos, tengo un primo que no ha sido bueno aunque lo operaron de los dos oídos y muchos todavía no concilian el sueño, tienen temor y pesadillas porque los traileros que viajan por esta carretera dicen que ven fantasmas de cuerpos descarnados ensangrentados”, señaló.

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